22. Después de seis meses.

6 meses ya…

Han pasado muchas cosas desde que el joven arquitecto dejó Lille ( Norte de Francia ), a fines del invierno pasado.

Después de haber viajado un mes en bus por Brasil, compré  una moto sin siquiera haber tocado una en mi vida y recorrì 8000 kilometros. Manejé en el Paraguay, el Chaco Argentino, la Quebrada de Humahuaca, los Andes y la preamazonia  boliviana. He pasado desiertos, y cuellos tan altos como el Monte Blanco. Anduvé en el frío, la noche, la niebla, bajo la lluvia y el granizo. En bellas carreteras de asfalto y pistas de tierra, de grava, de arena y de barro. Algunas veces caí, añadí a mi frente y a mis manos algunas cicatrices nuevas. He presenciado los paisajes más hermosos y las ciudades más caóticas.

Jugué al póquer en todas partes. Desde los grandes casinos hasta salas clandestinas. En restaurantes, rascacielos, hangares, sótanos, clubes, hogares, centros comerciales. He jugado con los más snobs y los ladrones. He barrido mesas, me han barrido también, algunas veces estafado. He sentido la tensión en los momentos cruciales, la confianza de las series positivas, la incertitud de los períodos negros, el agotamiento de las sesiones interminables. En un periodo de dos semanas, tras haber pasado la derrota más grande de mi vida sentí la euforia de mi victoria más importante.

He viajado seis meses sin nunca haber estado solo. Cada  día encontrando a nuevas personas, y alojándome en casa de la gente. De las villas con piscina, a los barrios de chabolas sin agua ni luz. He dormido en el suelo, sofás, oficinas, hogares, en mi tienda y alojamientos míseros. He encontrado a personas que me han alojados sin siquiera conocerme.

He aprendido todos los días: nociones de mecánica, salsa,portugués. Las sutilidades internacionales del castellano, de la burocracia paraguaya, de las sociedades sudamericanas. He encontrado toda una parte de mi familia que vive allí. Descubrí nuevas pasiones, fuerzas y debilidades que no sospechaba.

He visto el lado oscuro del viaje. Anduve por todas partes y a todas horas, a veces ingenuamente. Encontré rateros, policías corruptos, estafadores, traficantes, putas, proxenetas, desgraciados hechos polvo . Me sorprendí apreciar, a veces de admirar a algunos. He matado un perro, insultado un anciano,  fuí embaucado. He mirado la muerte a los ojos en Santa Cruz y espero nunca más vivir un momento así.

He vivido el fuego de una vida sin rutina, y la melancolía de las constantes despedidas. Me sorprendí de seducir y ser seducido mucho más que en Francia. Me enamoré, a menudo. Apasionadamente me han besado. Casi he dejado todo por una chica, y al final, la dejé a ella.

He sentido el poder increíble de la libertad. Una tarde, a cien por hora en Asunción, me di cuenta que por la primera vez en mi vida, podía hacer exactamente lo que quería. Y desde entonces hago exactamente lo que quiero: escribir y viajar.

Me encanta mi vida.

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